miércoles, 29 de marzo de 2017

3ª Capítulo. Sistematizando el trabajo

CAPÍTULO TERCERO
Sistematizando el trabajo

(En este capítulo comenzamos con un ejercicio, que debemos realizar antes de iniciar la exposición, espontáneamente y sin analizarlo mucho):

Ejercicio 1: cuadernillo 4
Escribimos dos frases que empiecen de la forma que se indica a continuación:

1. ¡YO TENGO QUE........................................................! ...................
2. ¡YO TENGO QUE........................................................! ....................

Escribimos otras dos frases que empiecen de la forma que se indica a continuación:

3. ¡PARA MÍ ES IMPORTANTE ...............................! .................... 
4. ¡PARA MÍ ES IMPORTANTE ...............................! ....................

Escribimos otras dos frases que empiecen de la forma que se indica a continuación:

5. ¡YO NO PUEDO .......................................................! .................... 
6. ¡YO NO PUEDO .......................................................! ....................

Escribimos otras dos frases que empiecen de la forma que se indica a continuación:
7. ¡YO NO VALGO ..............................................! .................... 
8. ¡YO NO VALGO ..............................................! ....................

Escribimos otras dos frases que empiecen de la forma que se indica a continuación:

9. ¡YO DISFRUTO .............................................................! .................... 
10. ¡YO DISFRUTO ...........................................................! ....................
1
Escribimos otras dos frases que empiecen de la forma que se indica a continuación:

11. ¡A MÍ ME GUSTA ..................................................! .................... 
12. ¡A MÍ ME GUSTA ..................................................! ....................

Escribimos otras dos frases que empiecen en la forma que se indica a continuación:

13. ¡SOY PRUDENTE CON ............................................! .................... 
14. ¡SOY PRUDENTE CON ............................................! ....................

Escribimos otras dos frases que empiecen de la forma que se indica a continuación:

15. ¡YO SUELO ANALIZAR ..............................................! .................... 
16. ¡YO SUELO ANALIZAR ..............................................! ....................

Una vez terminadas todas las frases, valoramos cada una de ellas de “0” a “10” en función de nuestra identificación personal.

“Estructura de la Personalidad” del “Análisis Transaccional”

A partir de ahora vamos a manejar la Teoría de la Personalidadque Eric Berne desarrolló por medio del ANÁLISIS TRANSACCIONAL”, como una de las formas más estructuradas y de fácil comprensión que existen sobre el estudio de la personalidad. El conocimiento del análisis transaccional nos va a proporcionar una de las mejores herramientas para trabajar de una manera sistemática nuestro diálogo interno.
Eric Berne (1910-1970), psiquiatra y psicoanalista, nos ofrece a través del Análisis Transaccional una original vía para el conocimiento y desarrollo de nuestra personalidad, ya que lo más importante no son las experiencias que hemos tenido a lo largo de nuestra vida, sino cómo me he sentido ante ellas y las habilidades de afrontamiento que he ido aprendiendo.

¡Qué desagradecido es..., después de lo que yo he hecho por él!; ¡déjame
que yo lo haga..., que tú no sabes!; ¡es que yo no puedo...!; ¡es que yo
no valgo...!; ¡qué suerte tienes tú!; ¡qué mala suerte tengo yo!; ¡la
juventud es una...!; ¡todos los... son unos...!; ¡por tú culpa yo me
siento...!; ¡me siento culpable de...!... 

Podríamos seguir y seguir escribiendo un sinfín de frases que, de forma cotidiana y con un absoluto convencimiento de su veracidad, forman parte de nuestra vida diaria.
La mayoría no sabemos de dónde vienen nuestras expresiones ni siquiera cuál es su propósito, pero las repetimos hasta la saciedad, buscando el eco en otras personas, con el fin de establecer conversaciones de crítica, queja o reconocimiento que reafirmen el lenguaje interior que tengo ante la vida.
Necesitamos sentirnos seguros aunque sea fanatizándonos por unas ideas o posturas pues de lo contrario la inseguridad, fruto del miedo, nos bloquearía o nos obligaría a evitar el afrontamiento de muchas situaciones a las que debemos enfrentarnos.
Podemos pasar toda la vida sin tomar conciencia de los diferentes aspectos en los que nuestra personalidad se muestra rígida generando bloqueos, indecisiones, culpas, resentimientos... o bien podemos enfrentarnos a nuestra propia resistencia al cambio intentando entender las razones, que han ido apareciendo a lo largo de mi historia personal y que han dado como resultado mi actual forma de sentir y contemplar la vida (constructos).

Cada cual es responsable de sus actos, de sus decisiones, e incluso, del mundo que se va creando a su alrededor. Por tanto, si deseo cambiar un estado de malestar por otro de bienestar, tengo que comprender primero y modificar después aquellas formas de mi lenguaje interior que me están llevando una y otra vez a posturas negativas ante la vida.
El Análisis Transaccional nos presenta el concepto de los Estados del YOcomo aquellos elementos de la personalidad que podemos hacer conscientes y que nos proporcionan un modelo estructural para nuestro desarrollo. Los “estados del YO” son personajes que conviven dentro de nuestra propia persona y que están formados por distintos patrones, muy bien definidos, que muestran manifestaciones cognitivas, emotivas y conductuales diferentes en cada uno de ellos.


Eric Berne diferencia Tres Estados del YO (Fig. 3):









El YO NIÑO”: Es el primero en aparecer ya que es el que más implicación biológica tiene. Tiene un enorme protagonismo en el mundo afectivo-emocional y es espontáneo, impulsivo, intuitivo, egocéntrico, lúdico, dependiente.... La fantasía y el pensamiento mágico son sus herramientas principales en las interacciones que tienen con el mundo que le rodea. Esta forma de percibir y sentir la vida es la que nos regala la Naturaleza cuando venimos al mundo y constituye esa parte de nuestra personalidad que más tiene de innato. A este estado del YO, Eric Berne le llamó el YO NIÑO NATURAL” (NN).
Es evidente que, conforme vamos interaccionando con el entorno, el NN empieza a percibir el gran esfuerzo que hay que realizar para intentar mantener el egocentrismo, algo que se presenta imposible al ir creciendo.
Durante nuestra infancia, aprendemos a reprimir dolorosamente esta parte o a socializarnos y, dependiendo de cómo lo hagamos, nos sentiremos en un futuro frustrados o autosuficientes. A esta parte frustrada del “Yo Niño” se le ha llamado el YO NIÑO ADAPTADO” (NA).

Las formas que tenemos de educar a nuestros hijos en gran medida son represivas e invalidantes (¡no hagas!, ¡no puedes!, ¡no vales!, ¡tienes que!,¡no sueñes!, ¡ten los pies en el suelo!, ¡hay que ser realistas!...), sin mostrar ninguna otra alternativa o salida a la represión de la naturaleza del NN. Estas formas van generando una serie de frustraciones en el NA, que le llevan a dos posturas de afrontamiento:

1.- La sumisa (NIÑO ADAPTADO SUMISO-NAS-), en la que este NA asiente a todo, para luego manipular las situaciones intentando conseguir lo que desea.

2.- La rebelde (NIÑO ADAPTADO REBELDE-NAR-), en la que el NA se enfrenta a todo aquello que le pueda impedir alcanzar lo que desea, empleando la agresividad como la principal herramienta de defensa.
Ambas posturas del NA intentan lo mismo, es decir, defenderse ante el dolor que le producen las autoinvalidaciones aprendidas (no saber hacer, no poder conseguir, no tener valor, etc.) y, aunque las formas de actuación son diferentes, el sumiso se retrae y manipula y el rebelde se enfrenta y agrede, ambos lo hacen por miedo.

El YO PADRE”: Es el segundo componente que empieza a desarrollarse culturalmente desde una temprana edad y en él influye principalmente el aprendizaje vicario (por imitación) que hemos ido adquiriendo a partir de las figuras parentales más relevantes que han aparecido a lo largo de nuestra infancia. En este estado del “Yo Padre” también se diferencian dos funciones básicas:

La Función Controladora determina la faceta del YO PADRE CRÍTICO” (PC) que se pone de manifiesto por medio de las normas, creencias, dogmas, ideas..., que hemos ido adquiriendo por identificación o rechazo con nuestras figuras parentales más significativas. Así, solemos ser del mismo equipo de fútbol y tenemos la misma ideología política que nuestros padres o todo lo contrario, dependiendo de si la figura paterna que nos influyó en ello nos generó aceptación o rechazo. En definitiva, a todos los elementos en los que se basa el PC los podemos llamar prejuicios, ya que actúan como formas preestablecidas de enjuiciar la vida.

Además, las manifestaciones que hace el PC, en defensa o intentando imponer uno de sus prejuicios, suelen ir acompañadas de una fuerte carga emocional, en la que destaca la agresividad como la emoción dominante. Por esta razón, los encuentros entre PCs de prejuicios diferentes suelen generar enfrentamientos, tanto más virulentos cuanto mayor
sea la carga emocional asociada. “¡Tienes que...!”, “¡tu responsabilidad es...!”, 
“¡la juventud es...!”, etc. conforman las expresiones verbales de nuestro mundo prejuicial, a las que acompañamos con un lenguaje no verbal rígido, severo, cortante o de
una superioridad burlona.

La otra función del “Yo Padre” es la Función Protectora que determina el YO PADRE PROTECTOR” (PP) que, basado en un cierto soporte biológico (neuroendocrino), nos motiva hacia la satisfacción producida al proteger a los demás y el sentimiento de utilidad o validez que recibimos del entorno. Los sentimientos que manifiesta el PP son de acogida, ternura, consuelo, apoyo..., acompañados de un lenguaje no verbal cálido y que
ofrece seguridad. Algunas frases pueden ser: “¡no te preocupes!”, “¡tú puedes!”, “¡anímate!”, etc.

Los estados del YO que hemos visto hasta ahora son personajes que sienten y actúan dentro de nosotros conformando nuestra personalidad. Sin embargo, si sólo estuviésemos constituidos por estos cuatro personajes correspondientes a los estados del Yo Niño y del Yo Padre, se producirían con mucha frecuencia conflictos de intereses que nos llevarían a fuertes estados de confusión interna. La espontaneidad y el egocentrismo del NN serían censurados por los prejuicios del PC así como cercenados por las invalidaciones del NA
El “¡tendría que...!”, por un lado, y el “¡no puedes...!”, por otro, estarían imposibilitando las manifestaciones del NN.
También, en el otro campo de nuestra personalidad, el deseo de sentirnos útiles a través del PP puede ser secuestrado por el PC obligándole a servir para confirmar sus prejuicios, en este caso sobre todo morales (“¡hay que ser buenos, solidarios...!”)
Además el NA utiliza el disfrute emocional del deseo de servir del PP para intentar comprar el agradecimiento y el reconocimiento de las personas necesitadas, que actuarían desde su NA.

De todo lo anterior podemos deducir que la convivencia interna entre estos cuatro personajes sería harto difícil, si no fuese por la existencia de un quinto estado del Yo, que arbitre las relaciones entre todos ellos. 
Éste es el ESTADO DEL YO ADULTO (A). Es el último en aparecer ya que presenta un soporte neurológico en las zonas prefrontales y, en particular, en las estructuras orbitofrontales de nuestro cerebro. Estas estructuras no culminan su desarrollo ontogénico hasta la pubertad, lo que influye en gran medida en los cambios psicológicos que se experimentan durante la adolescencia.

En el estado adulto se encuentra la capacidad de análisis y de reflexión que realizamos tanto sobre las percepciones que tenemos como sobre las comparaciones analógicas de los acontecimientos vividos a lo largo de nuestra existencia y que forman nuestra memoria.
El A pone objetividad, atención y concentración en nuestro “Diálogo Interno”, escuchando a cada uno de los otros personajes y determinando la conducta más conveniente a realizar para la totalidad de todos los estados. Por tanto, es evidente que del desarrollo y proceder de nuestro Yo-A va a depender el grado de equilibrio y, sobre todo, los estados de bienestar que experimentemos.

En definitiva, de acuerdo con el análisis transaccional, el resultado estructural de una personalidad adulta es la existencia de estos cinco personajes, que se interrelacionan constantemente, de manera que, el equilibrio psicológico determinante del bienestar mental se caracteriza por un A que atiende a cada circunstancia y a las reacciones que ante ellas muestran los otros cuatro personajes del “YO”, reflexionando y analizando, desde la lógica, las mejores conductas a seguir. El A está especializado en la resolución de problemas.

Ejercicio 2: cuadernillo 4

Utilizando el esquema de los cinco componentes del “YO”, podemos valorar en tanto por ciento lo que creemos que tenemos de cada uno de ellos, hasta completar el 100% del Egograma Subjetivo. Al hacer este ejercicio, no debemos caer en el error de realizarlo pensando más en cómo me gustaría ser que en cómo creo que soy honestamente.

Ejercicio 3: cuadernillo 4

Vamos a completar el ejercicio que hemos realizado al comienzo de este capítulo. Para ello, colocaremos cada frase con el valor que le dimos en los estados del “Yo” que
creamos que le corresponde. Así, por ejemplo, si hemos escrito: “¡yo no valgo para la música!” y la hemos calificado con un 8 porque pienso que tengo un mal oído,
podemos ponerla al lado del “NA” ya que supone una invalidación.

El
Egograma Subjetivodel ejercicio No2, junto con el obtenido con las frases valoradas
(ejercicio No3), suponen un punto de partida muy interesante para mejorar el

autoconocimiento y sobre todo para el estudio y cambio, si así lo deseamos, de nuestros cinco personajes. Al ir comparándolos con los autorregistros que hemos realizado y
seguimos realizando de nuestra vida cotidiana, a los que podemos ir adjudicando, desde este momento, los estados del “Yo” dominantes en cada uno de ellos, aumentaremos la información de estos elementos, algo que nos puede hacer modificar las valoraciones que inicialmente habíamos adjudicado en el egograma subjetivo.

También podemos intentar relacionar nuestro egograma con los resultados obtenidos en los ejercicios de polaridades del 2o capítulo y con los caracteres (psicotipos) con los que nos identificamos dentro de la “Tipología de Le Senne” del mismo capítulo.

En definitiva, es muy aconsejable que intentemos aprender a observarnos sistemáticamente, empleando como base de estas observaciones el egograma del análisis transaccional, que puede ir variando a medida que vamos comprendiéndolo a través de un análisis comparado de nuestro pensar, sentir y actuar cotidianos, sobre todo a través de la realización de los autorregistros.

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